3 minutos para la democracia mexicana

Dice el artículo 40 de nuestra setecientas y tantas veces reformada Constitución: Es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República representativa, democrática, laica y federal, compuesta por Estados libres y soberanos en todo lo concerniente a su régimen interior, y por la Ciudad de México, unidos en una federación establecida según los principios de esta ley fundamental. ¿Una república democrática? Las raíces de la democracia en México no sondean mucha profundidad, recordemos que del año 1929 hasta el 2000 el país prácticamente vivió en un lacerante monopolio político en términos de democracia, siendo controlado por un partido de estado que en su curriculum vitae cuenta con innumerables y vergonzosos episodios de gobernanza sin escrúpulos en los que con medidas enérgicas suprimió cualquier acto de oposición política, tales como las movilizaciones masivas de 1968 y 1971, por referir un par de ejemplos. Fue hasta finales de los años ochenta y los noventa donde se empieza a consolidar en términos materiales, y derivado de la presión de la oposición política, una serie de sucesos sin antecedentes inmediatos. Se comienza a fraguar una superficial reestructuración del sistema político en nuestro país, la pérdida del control de la Cámara de Diputados por parte del todopoderoso partido de estado, el primer mandato de un Gobernador de oposición, el surgimiento de un esperanzador Instituto Federal Electoral, por enlistar algunos. Desde entonces, el proceso de democratización en México ha atravesado por muchos intentos por abonar a la causa, hemos visto desfilar tres partidos políticos distintos al frente del ejecutivo federal, el surgimiento de nuevos organismos constitucionales autónomos, reformas constitucionales estructurales, la creación de nuevas leyes generales y demás sucesos tendientes a apuntalar y fortalecer lo establecido en el citado artículo 40 constitucional. Ante tanto fervor y efervescencia que convoca la democracia, vale la pena detenernos para preguntarnos si México realmente es un país a favor de la democracia, y como guía para resolver esta cuestión, pongamos algunos números sobre la mesa, de acuerdo con Latinobarómetro, un estudio de opinión pública que aplica anualmente alrededor de 20.000 entrevistas en 18 países de América Latina representando a más de 600 millones de habitantes que hace sondeos sobre democracia y economía, el apoyo a la primera ha decrecido consistentemente en México desde 1995 hasta 2018. De conformidad con los datos, en 1995 -primer año del que se tiene registro-, el país registra 49% de apoyo a la democracia, teniendo su pico en 2002 con 63% y descendiendo dramáticamente a un 38% en el año 2018, números que nos permiten concluir que nuestras aspiraciones democráticas están lejos de estar consolidadas. Por cuanto respecta a los actores estrellas en las elecciones, me refiero a los partidos políticos, el escenario no es muy diferente. Los partidos actualmente viven un momento especialmente negativo. En México sólo el 11% de la población muestra tener confianza en estas instituciones, poniendo en evidencia el desencanto de la ciudadanía con la política, misma que ha llevado a la fragmentación y disolución de los mismos (PES, Nueva Alianza, PSD, Partido Humanista, Fuerza Ciudadana, Partido Liberal Mexicano, etc.) a la crisis de representación y a la elección de líderes populistas en diversos países de América Latina. Y bien dicen que todas las crisis son oportunidades, y dentro del apartado democrático y en especifico de la representatividad, esto no pasará inadvertido por distintas organizaciones de todas las corrientes ideológicas, que buscarán el próximo año capitalizar el descontento de los mexicanos y que ya se preparan para constituirse como futuros partidos políticos nacionales. De estas organizaciones inscritas en el procedimiento, de acuerdo con el Secretario Ejecutivo del Instituto Nacional Electoral, Edmundo Jacobo Molina, sólo siete cumplieron con los requisitos de la autoridad electoral: Encuentro Solidario, Redes Sociales Progresistas, Grupo Social Promotor de México, Libertad y Responsabilidad Democrática, Fuerza Social de México, Súmate a Nosotros, y Fundación Alternativa. De las antes referidas, ninguna puede decir que ya cumplió con la totalidad del trámite, y menos aún que tiene asegurado su registro como partido político; ya que toda la información entregada al INE es considerada de carácter preliminar, es decir, deberá pasar un proceso riguroso de verificación en el que la autoridad determinará su validez. Mientras se mueven las piezas en el ajedrez político, no perdamos de vista que el país sigue contando por millones a mexicanos y mexicanas viviendo en condiciones de precariedad, en situaciones de pobreza indescriptibles, fragmentados y en un entorno en donde el contexto político, económico y social los orilla a una situación de imposibilidad para ejercer sus derechos políticos como ciudadanos democráticos, exiliados para participar activamente en la creación de soluciones para combatir los problemas reales y cotidianos de México. No debemos perder de vista que el retroceso en este importante menester nos debe llevar a replantearnos en que la mala calidad o escasez de la democracia influye irremediablemente en las condiciones de vida de todas y todos. Hay que relacionar los efectos con sus causas. Es así como el asunto de la democracia no debe ser abordado sólo como una fría definición académica de la ciencia política, sino que debemos concebirla como un instrumento para organizar y construir un proyecto de nación, en donde existan mecanismos y procesos que nos lleven a transitar hacía una sociedad más justa, pacífica e inclusiva.


-Mauricio Suárez Montaño




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