Construir Un Lugar Para Todas

¿QUÉ NOS SIGUE DESPUÉS DEL 9M?

Construir Un Lugar Para Todas


Hace unos días compartía con un grupo de mujeres de una empresa dedicada a brindar soluciones financieras.


La tertulia femenina desprendida de la charla “Las Llaman Mujeres Lobas”, en el marco de la conmemoración del Día Internacional de Mujer (8 de marzo), dio pauta a escuchar sus voces, hablando desde la experiencia.


Era evidente: estaba frente a mujeres jóvenes profesionistas, preparadas, desenvolviéndose en un mundo, históricamente, de hombres. Intercambiamos perspectivas sobre los retos a los que ellas se han enfrentado a lo largo de su vida, los techos de cristal, opiniones de personas cercanas… Porque sí, han tenido obstáculos en su andar.


Y recordé, entonces, algunas vivencias mías, resultado de mi actividad profesional los dos últimos años previos a éste: la cultura laboral clásica en su esplendor. Con todo lo que ello entraña.


Ahí conocí mujeres cuyas historias me permitieron palpar de cerca realidades que, para cualquier persona ajena a éstas, resultarían increíbles.


Escuché, en pleno 2020, sobre hijas abusadas por “el hombre de la casa”, abracé a más de una mujer que llegó a trabajar golpeada, luego de una noche infortunada en que su sola presencia alteró a su marido que llegó borracho y drogado a casa; supe de renuncias originadas por el capricho de un esposo que, ante “el cambio” de su mujer, que empezaba a “ser diferente” –“menos dejada y más brava”, le prohibieron seguir trabajando, orillándola a abandonar el espacio en el que ésta encontraba más que sólo la retribución económica y llevándola a depender, por completo, de la voluntad del compañero de vida.


Y conocí también a jefes que seguían predicando que las mujeres debemos vestir de manera decente y prudente, que manifestaban querer que sus colaboradoras despertaran, pero no tanto; que impulsaban entre dientes la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, pero sostenían un sistema de sueldos y salarios mayormente favorable para los varones sólo porque sí, “porque ellos son quienes tienen la responsabilidad de proveer en casa”.


Y luego salí a uno de los espacios públicos más emblemáticos de mi ciudad actual, León, Guanajuato y me acerqué a más de 40 mujeres de distintas edades para preguntarles si se sentían seguras viviendo ahí, siendo mujeres y si habían sufrido acoso alguna vez. Quise escucharlo de ellas, no de las autoridades o los Medios de Comunicación. Las respuestas no pudieron dejarme más ¿sorprendida?: todas respondieron que no se sentían seguras y todas respondieron haber sido víctimas de algún episodio de acoso. …Yo misma ya no me siento segura andando sola (o acompañada) por la calle, ni de día ni de noche.


Las cifras de violencia contra las mujeres son alarmantes: según un estudio hecho considerando lo acontecido en el 2019, una mujer es muerta en México, víctima de la violencia feminicida, cada dos horas y media. Cada dos horas y media. Y aún así, el tema no ha logrado ser lo suficientemente relevante para que nuestras autoridades de los tres niveles (porque en esto van juntas Federación, Estados y Municipios) lo coloquen al centro de su agenda, nuestra agenda.

Y aprecio la fuerza ciudadana construida en torno al 9 de marzo, al clamor de “Un Día Sin Nosotras”: empresas, escuelas, espacios públicos alcanzados por esta ola de mujeres lobas y guerreras que hemos alzado la voz, cada una a su forma y a su escala, y me maravillo.


Pero, ¿qué nos viene luego del 9M?

¿Alcanzará para que, finalmente, se gesten cimientos que apunten a un cambio profundo en nuestro país? Así lo deseamos millones de mujeres.


Y no tengo idea.


De lo que sí estoy segura es que, la potencia liberada en torno a este día –que pasará a la historia, porque muchas nos encargaremos de que así sea-; la capacidad de asociación en torno a una causa común y la visibilidad social lograda por la movilización ciudadana, no tendrán retroceso. Será de aquí para adelante.


Creo que lo gestado este marzo de 2020 en el país, en manos de las mujeres mexicanas, no debe pasar ni perderse al calor de la disminución de la energía mediática y la viralidad digital. No debe pasar a la historia como el día en que millones nos unimos y nada más. Permitir que todo pase sin mayor trascendencia sería un crimen, uno que pagaríamos muy caro, pues perderíamos la fe en nosotras mismas, como quien, habiendo tenido en sus manos un tesoro autologrado, lo deja escaparse entre sus dedos, como la arena lo hace, grano a grano.


Para mí, lo mejor que podría ocurrirnos, ahora que nos hemos probado a nosotras mismas y a muchos actores del sistema y el entramado nacional, que sabemos rugir fuerte, sería continuar en unidad y organizadas, generando acuerdos que echen raíces desde y hasta los entrañas y florezcan hasta lo más visible, “poniendo a temblar” con propuestas y acciones concretas a quienes no han querido atender nuestra emergencia, la de #millones de mexicanas, llevando a este país a ser de una buena vez y para siempre, Un Lugar Para Todas.





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