Desigualdad ante la pandemia

Las ciudades por definición son concentradoras de población y actividades en teoría una

ciudad sana genera condiciones dirigidas a distribuir de forma equitativa entre sus

habitantes opciones laborales, educativas, culturales de salud, recreativas de movilidad

física y social lo descrito es lo que podríamos denominar el escenario equilibrado de la

vida urbana, sin embargo en nuestras ciudades ese escenario se desdibuja en la

contrastante realidad, entre los espacio del habitad deteriorado y los de lujo en la

distribución, inequitativa de bienes y servicios de equipamiento públicos así que cuando la pandemia se instala en nuestra ciudad arriba a escenarios ya críticos y desiguales.


Cierto es que el COVID-19 es un flagelo, pero la fragilidad que muestran los habitantes de la ciudad ante él estaba ya instalada en ella, esta le ha negado a la población más

desfavorecida acceso a un trabajo digno y con condiciones sanitarias adecuadas tanto en los espacios públicos como en los privados.


Esta crisis urbana que hemos concebido con normalidad, la evidencia a una pandemia

cuando arremete contra una fuerza de trabajo dividida entre quienes han sido

abandonados al denominados sector informal. Los primero engloban a seres humanos que por a ver sido excluidos en los tratos laborales atenido que crear sus propios medios de subsistencia realizando ocupaciones eventuales muchos de ellos en la conquista de

espacios públicos exponiendo su vida en los semáforos siendo reprimido por exhibir sus

productos en la calle sin ninguna protección de ninguna índole hacia la pandemia.


En termino estrictos no podríamos decir que el confinamiento los ha dejado sin trabajo, a

buscar la sobrevivencia en la vía pública, forzado por las circunstancias y exponiéndose

diariamente al maltrato y a la discriminación.


Lo que podemos decir es que el COVID-19 ha desnudado su fragilidad de esta población, que se está quedando sin ingresos, porque ahora pasa más días sin vender algún producto o en su caso prestar un servicio, aunado a esto la discriminación y la violencia que domina el espacio de sus actividades, que cabe mencionar ya estaban instaladas allí antes de la pandemia, dificultan más las ventas y prestación de servicios.


Las personas suscriptas en un trabajo regular, se calcula que alrededor de 800 mil

trabajadores del sector formal se han quedado sin empleo, prácticamente han sido

echados a la calle; si consideramos que los establecimientos con actividades no esenciales han tenido que ser cerrados y que se estima que una buena parte de las micro y pequeñas empresas no lograran restablecerse, se presume que otra proporción considerable de trabajadores se quedara pronto sin medios de subsistencia.


Es el aislamiento conjugado con la falta de ingresos son los que impiden atender las clases en línea, es la desigualdad de oportunidades para acceder a los servicios tecnológicos sumados a la pandemia lo que incrementara la deserción escolar, en este contexto de crisis presionado por el COVID-19, la tecnología de comunicación aumentan la tensión deslumbrando la desigualdad ante el riego sanitario por parte de los sectores.


Algunos podrán prevalecer en sus viviendas y realizar su trabajo pero no podrán hacerlo

aquellos trabajadores que no habían sido reconocidos hasta ahora y menos compensado como imprescindibles para mantener condiciones mínimas de salubridad en la ciudad los que barren las calles recogen la basura facilitan el transito que han sido tan estigmatizado el personal de salud que enfrenta las condiciones adversas del contagio y han sido violentados.


Uno se pregunta entonces bajo qué condiciones van hacerlo, el estado mexicanos no

podrá superar esta crisis solo con programas emergentes temporales “La nueva

normalidad”, se observa llena de tensiones y el país que conocemos enfrentara varios

dilemas que tendrán que resolverse, si se quiere retomar un proceso justo y productivo en tiempos de COVID.


Oscar Uriel Garcia Rivera


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