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Juventud, Divino Tesoro

Abraham Lincoln alguna vez dijo: “La mejor forma de predecir el futuro es crearlo”. Nada mas cierto que ello. Esta frase ilustra de la mejor manera el reto que hoy, las y los jóvenes mexicanos, tenemos y estamos por afrontar porque a donde quiera que volteemos, queda mucho trabajo por hacer.


Ante tal escenario, no es un dato menor señalar que en la actualidad, de acuerdo con datos del INEGI, somos ya 30.6 millones de jóvenes mexicanos, la mayor cantidad en la historia de nuestro país, cifra que nos invita a reflexionar y tomar consciencia de nuestra responsabilidad de transformar y renovar nuestro país.


Es una realidad que hoy en nuestro país están aconteciendo una serie de cambios que se cuentan por decenas. Entre los más trascendentes, se encuentra el cambio de gobierno en México, el cual ha significado, sin lugar a dudas, una nueva proposición política. Por vez primera la izquierda ha tomado las riendas del país y con ello, una serie de reformas son impulsadas desde las cámaras legislativas en materias diversas como educación, paridad de género, extinción de dominio, guardia nacional, anticorrupción, etc.


Por otra parte, tenemos en puerta la impetuosa tarea de seguir dando forma a la implementación de la Agenda 2030 de la ONU, es una realidad que todas nuestras formas de vivir están en constante transformación y esta Agenda precisamente marca una hoja de ruta con objetivos específicos para erradicar la pobreza, proteger al planeta y asegurar la prosperidad para todos sin comprometer los recursos para las futuras generaciones.


Ante tal panorama, es momento de que las juventudes de México busquen los canales adecuados para expresar y hacer escuchar su voz, por lo que resulta imperativo buscar la forma de habitar los espacios y cargos públicos que nos llaman a ser ocupados. Queda claro que actuando de esta forma estaremos cada vez mas próximos a renovar y encontrar el rumbo que tanto buscamos y tanto necesita nuestro país.


Quiero abrir un paréntesis para recordar con honra que nuestra generación es heredera de prodigiosas y valerosas historias de lucha estudiantil como la lucha de 1929, en la que se conquistó la autonomía universitaria; o la que no se olvida: 1968, que marco un punto de inflexión en la forma de concebir y hacer política; pasando por el aterrador, y aún borroso recuerdo del “halconazo” de 1971, hecho que le significó a Luis Echeverría Álvarez ser el primer presidente de México en ser llevado a juicio. Por último, en años recientes, fuimos testigos de la trágica noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre de 2014, en donde 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa desaparecieron en el municipio de Iguala, Guerrero, noticia que dio la vuelta al orbe, dañó la imagen de México ante el mundo y marcó un antes y un después en el ambiente político, económico y social en nuestro país.

Es por ende que, no podemos quitar el dedo del renglón, ni olvidar que estas luchas estudiantiles fueron sufragadas con ríos de sangre a costa de la represión, pero que, gracias a esos valientes mujeres y hombres en su mayoría jóvenes, quienes entregaron su espíritu, y algunos hasta su vida, en pro de un México más justo. Hoy gracias a ellos gozamos de invaluables derechos y libertades que, en ocasiones, se nos olvida, fueron meras utopías. Así que esta claro que guiados por la luz de su ejemplo y valentía, soy cierto que los jóvenes de hoy podremos enfrentar y vencer los retos que nos piden un esfuerzo grande, mayor cooperación y mayor entendimiento entre nosotros.


Resulta conveniente señalar el hecho de que en estos últimos meses, el Poder Legislativo esta impulsando la creación de una totalmente inédita Ley General de las Juventudes, un instrumento jurídico ante el cual, los jóvenes estamos llamados a contribuir en su construcción para establecer e implementar los derechos y garantías que habremos de buscar cristalizar en dicha ley, haciéndolo con base en compromiso, responsabilidad y voluntad para trabajar de la mano de las y los legisladores federales.


Es una realidad que hoy más que nunca México necesita de una nueva mentalidad, de cambios de paradigmas y de nuevas proposiciones que vengan a renovar y dar un rumbo distinto al quehacer en las políticas públicas y que permitan poner a México los primeros planos de desarrollo y crecimiento.


Debemos ser conscientes de que cada uno de nosotros somos dueños de nuestro destino, los jóvenes estamos llamados a trabajar y asistir en conjunto en un proyecto común llamado México, en donde dejemos atrás las ambiciones personales, nuestras divergencias, y nuestros prejuicios. Es nuestro momento de marcar el cambio generacional que defina el rumbo de las próximas generaciones. Nuestros retos son, algunos ya viejos conocidos, como la corrupción o la inseguridad y otros nuevos como la generación de nuevas alternativas de desarrollo y la regulación de nuevas plataformas tecnológicas en este mundo cada vez más interconectado.


Reconociendo nuestra responsabilidad como jóvenes, ciudadanas y ciudadanos de este gran país y siendo conocedores de que no hay nada mas satisfactorio para el espíritu que entregarse y encomendarse a una ardua y dura tarea, trabajar en conjunto y bajo una misma bandera nos debe revitalizar para buscar y reestablecer los lazos de confianza entre los ciudadanos con su gobierno. Hagámoslo ya.





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